
Somos seres del trópico, que tienen este lado del mundo como su hogar,
descendientes híbridos de aquellos que nacieron de esta tierra
y de aquellos que teniendo otra cuna y otros reyes,
con sangre la hicieron suya.
De aquí donde el olor a tierra mojada es decir fertilidad,
donde lo verde se junta con lo azul en el invierno
y lo rojo con el amarillo en el verano.
Un pasado de riquezas arrebatadas,
que obligaron a los hijos del trópico a buscar
puertas, ventanas, salidas laberínticas,
respuestas para continuar que no se parecen a ninguna otra,
muchas de ellas provenientes de la Madre Tierra
que con sus frutos revela los caminos.
Consigna de los herederos: Un presente de nuevas riquezas por defender:
lo negro, lo blanco, lo rojo, lo amarillo, lo mestizo;
lo latente, lo manifiesto;
lo consciente, lo inconsciente, lo subconsciente;
la riqueza natural, la pobreza material...
Amor por las diferencias.
Aún la pobreza de ciertas almas
hacen al trópico escenario de los más grandes y hermosos contrastes,
de las más diversas manifestaciones de vida
con sonidos de indescriptibles colores
y formas que huelen a selva,
encontrando su virtud en la ambivalencia de ser
sensiblemente fuertes, fuertemente sensibles.
Todo pasa aquí, en este lugar donde las combinaciones
siempre serán infinitas y las reglas limitadas.
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