sábado, 19 de julio de 2014

Como si fuera posible

Hasta volver a encontrarme con alguien que me pida que me quede,
que no me vaya,
hasta ese día, harás estremecer mi hígado
cada vez que te me vengas como recuerdo

y eso es más seguido de lo aceptable.

¿Y si venís de noche y me besás el sueño?
¿Si adelantás lo inevitable?
Porque este encuentro es imprescindible,
es necesario,
es una lluvia de mayo que no vale la pena retrasar más,
que la tierra reclama.
Ya vuelve...
Tengo miedo, siento que te olvido...

Niña buena

Mirá que tu tiempo te he dado para que aprendás a vivir sin mi.
Aún no sabés cómo me veo con otro de la mano,
cómo me veo con otro tomándome por la cintura,
cómo se ven mis labios contra los de alguien más.
Tampoco sabés como me veo escuchando muy interesada las historias de otro
que poco se parece a vos,
otro que de la misma forma se interese por mis días.
Vos en cambio, te paseás con ella delante mío,
la llevás a los lugares donde guardamos un beso,
una confidencia, una lágrima, una promesa.
Vos no tenés pena en presentarla con nuestros amigos,
en llevarla a conocer a tus padres,
en mostrarle todo lo que amás,
todo lo que amabas hacer conmigo.
La joven de la perla. Johannes Vermer. 1665
No, la soledad para vos nunca ha sido bienvenida,
así que huyendo de ella,
sin la menor consideración y sin darle tregua al tiempo,
te buscaste a otra muy parecida a mi.
He sido una niña buena,
que te abrazaba en sueños para que lograras dormir,
incluso para que encontraras a alguien que te hiciera feliz,
pero que pronto…
Que pronto parecés haberte enamorado,
eso sí que no.
Es tiempo de ser una niña mala.
No mostraré más misericordia con quien se ha vengado de mi
solamente por haberlo amado,
con quien no es capaz de perdonar a quien se cansó de caminar a su lado.
Es tiempo de ser una niña mala
y hacer con otro lo que mejor hacíamos juntos,
bailar un bolero olvidando a quiénes miran,
solo que esta vez, entre esos que miran

tendrás que estar vos.



Reencuentro

Mucho camino hemos recorrido uno lejos del otro,
en direcciones opuestas, paralelas, pocas veces cruzadas.
Vivimos en una ciudad tan pequeña,
y son tan pocas las veces que nos hemos cruzado sin planearlo.
Para mi bien, para mi mal.
Pero ayer fue uno de esos días.
Noté tu presencia ya muy tarde, a unos pocos metros,
totalmente desarmada, sola,
sin más escudo que mi misma.
Vos tampoco supiste que se hacía en esos casos,
en los que el destino maligno te pone en frente alguien del pasado,
alguien que una vez conociste de una manera que nadie más lo ha hecho,
con mayor detalle que aquella que me parió.
Como un par de torpes criaturas, desconocimos el protocolo de los examantes.
Para mi sorpresa, a vos tampoco te dio tiempo de huir o desenvainar la espada de la indiferencia.
No, definitivamente fue muy tarde para ambos.
A penas y me miraste a los ojos y sin saber que hacer nos aproximamos,
rozamos nuestras mejillas y nos dimos algo muy parecido a un abrazo,
dejando un espacio de aire entre nuestros pechos,
para no delatar como el par de corazones latían excitados.
Intercambiamos un par de palabras, vanas, sin importancia,
para que no se escurriera de la boca un
--¿Dónde habías estado? Vamos por un café y te cuento cuánto te he extrañado. —
En cambio vomitamos un par de preguntas que no recuerdo
y con urgencia seguiste para el norte y yo para el sur,
no sin antes tratar de leer rápidamente en nuestros ojos pequeños alguna pizca de anhelo.
Creo que la vi,

incluso una invitación que no atenderé.



Esclava en libertad

Ella es libre
Diego y yo. Frida Khalo. 1949
o al menos eso le gusta pensar.
Han sido muchas las canciones ahogadas en su nombre,
por ser la cabrona que desmanteló a los más ingenuas corazones
que lucharon por saciar el fuego entre sus piernas
y desenredar los nudos de su pasado.
Es esa infeliz que ha decidido dejar de serlo,
a pesar de vos,
a pesar de ellos,
jurándose la prohibición a ningún apego.
Es esa que con su inquietante risa
aparenta estar siempre bien
porque decidió que con su tristeza será totalmente egoísta.
Pero ella ha amado tanto.
Está llena de primeras veces
porque se hizo adicta a los amaneceres.
Prefiere estar sola que ceder en algo
porque su calor es de todos y de nadie.
Vos fuiste uno de ellos,
que compartiendo el mismo cuarto, viviste su ausencia.
A pesar de esto, en tus noches a solas,
tu memoria su nombre reclama
añorando eso que a medias te daba.
A ella, la que te tiene aquí,
a ella la quién no es presa del tiempo,
de vos,
ni de nada,
esclava de su libertad;
a ella no sé si agradecerle. 

Cambiar

Yo solo espero,
que un día me tomés de la mano y me digás que te equivocaste,
que no sabés cómo ha sido posible la vida lejos de mi.
Volvamos de nuevo al sillón, yo en tu regazo
y levantémonos hasta que ambos estemos ahogados de tanto calor.
Solo que esta vez, haremos unos cambios.
Vos me prepararás un té de manzanilla cuando no me sienta bien,
harás el desayuno de día por medio,
bailarás conmigo en todas las fiestas,
lavarás mi ropa,
me preguntarás por mi día y apoyarás en todo lo que haga,
me dirás que me veo linda no solo con la mirada,
me besarás aunque haya mirones,
me llevarás de paseo todos los fines de semana, a mi y a nuestros hijos que serán dos,
no hay excusas, cuando menos a la Sabana.
También tendrás que contarme uno que otro chisme,
para sentir que sos mortal y por el contrario contarás menos chistes,
que eso siempre te ha salido mal.
Ya no me regañarás, ni me dirás que hacer como a una niña,
ni apagarás la televisión cuando querás mi atención,
me dirás “corazón, venga”
y yo sin opción seré quién apague el mundo para estar junto a vos.
Otras cosas no cambiarán, como que sea la primera en despertar en la mañana
y te contemple dormido por largos minutos, tan vulnerable, tan inofensivo.
Como que me burle de tu voz cuando gritas, porque parece de niña
Como que te haga un masaje en la espalda cuando te vea trabajando en la casa
Como que solo te abrace al dormir cuando te vea preocupado
Como que tu madre me llame a mi y yo le conteste para contarle cómo estamos
y a rastras te lleve a su casa porque yo mejor que nadie sé lo que significa extrañarte.
Yo por mi parte, hoy soy más ordenada, seré yo quién limpie la casa.
Por lo demás no trataré de ser alguien mejor para vos, seré quién soy y no conociste.
Seré la conversadora, la política, la parrandera,
y te advierto que también la coqueta.
Realmente no sé si nos gusten estos cambios,
incluso puede que ya no disfrutemos lo que antes sí.
¿Valdrá la pena intentarlo?
Yo digo que sí.
Eso tampoco ha cambiado,
mis “sí” para vos, mis diarios “te amo”.
Los amantes. René Magritte. 1928

lunes, 31 de marzo de 2014

Decir, hacer, ser feliz


Hacer por hacer, hacer por parecer
hacer para aparecer, eso no es hacer.
Si se hace es porque se desea,
porque se cree que es necesario, para cambiar una realidad.

Decir que vas a hacer es vano si eso que hiciste fue únicamente hablar.
Medio hacer... Hacer un poco... Hacer tarde, hacer mal... 
¿Y sobre hacer cuando no hay aparente ganancia? Total nadie me está pagando, nadie agradece...
Si pensás que prescindir de aquello que dijiste que harías no desequilibrará nada ni a nadie,
subestimaste tus manos, tus ideas, tu sudor, tu preocupación y fuerza
y sobrevaloraste la de las demás, los demás.
Confías mucho en tus hermanas y hermanos, y ves tu esfuerzo como fácil de desechar.

Pensar en lo que hacemos
para qué lo hacemos
para quién lo hacemos,
nos puede guiar para 'hacer' mejor.
Hacer siempre bien, desde la totalidad de nuestro ser
con todo nuestro impulso y pensamiento.
Si esto que hago me da felicidad
bien vale la pena que sea bello
y si no, es un buen momento
para buscar esas fuentes donde mi felicidad en el hacer descanse.


31 de marzo, 2014.