sábado, 19 de julio de 2014

Reencuentro

Mucho camino hemos recorrido uno lejos del otro,
en direcciones opuestas, paralelas, pocas veces cruzadas.
Vivimos en una ciudad tan pequeña,
y son tan pocas las veces que nos hemos cruzado sin planearlo.
Para mi bien, para mi mal.
Pero ayer fue uno de esos días.
Noté tu presencia ya muy tarde, a unos pocos metros,
totalmente desarmada, sola,
sin más escudo que mi misma.
Vos tampoco supiste que se hacía en esos casos,
en los que el destino maligno te pone en frente alguien del pasado,
alguien que una vez conociste de una manera que nadie más lo ha hecho,
con mayor detalle que aquella que me parió.
Como un par de torpes criaturas, desconocimos el protocolo de los examantes.
Para mi sorpresa, a vos tampoco te dio tiempo de huir o desenvainar la espada de la indiferencia.
No, definitivamente fue muy tarde para ambos.
A penas y me miraste a los ojos y sin saber que hacer nos aproximamos,
rozamos nuestras mejillas y nos dimos algo muy parecido a un abrazo,
dejando un espacio de aire entre nuestros pechos,
para no delatar como el par de corazones latían excitados.
Intercambiamos un par de palabras, vanas, sin importancia,
para que no se escurriera de la boca un
--¿Dónde habías estado? Vamos por un café y te cuento cuánto te he extrañado. —
En cambio vomitamos un par de preguntas que no recuerdo
y con urgencia seguiste para el norte y yo para el sur,
no sin antes tratar de leer rápidamente en nuestros ojos pequeños alguna pizca de anhelo.
Creo que la vi,

incluso una invitación que no atenderé.



No hay comentarios:

Publicar un comentario